Ya era primavera. Y a José Antonio Rodríguez le agarró la mala baba (se puede cambiar "baba" por leche, uva, sangre...) y la organizó con una lista. El resultado: irónico, feroz, por momentos insultante y, sobre todo, eficaz.
Puedes hacerlo para cambiar el mundo
21 de marzo
Primero: fuma porros. Esto es fundamental. Es una forma activa de protestar contra el sistema, ¡claro que sí! Siéntate toda la tarde y fuma, chaval. Que no te importe estar contribuyendo de forma activa a la explotación, los cultivos ilegales, las mafias y el enriquecimiento de unos pocos. Si estás más implicado, puedes hacer campaña a favor de la legalización del cannabis. Claro, tú tienes buenas intenciones, estás en contra de todas las cosas malas que implica su ilegalidad: entorpecer su uso terapéutico, las adulteraciones? ¡buen chico! Pero mientras, sigue fumando tu costo recién salido del recto de un moro, claro está.
Segundo: viste raro. No hace falta que te favorezca; basta con que sea raro. Puedes emplear el mismo esfuerzo que una pija en componer tu ropa de hippie, pero sin duda lo tuyo estará mucho mejor visto por los de tu clan. Además, no es necesario que la ropa que llevas sea escogida en función de, digamos, sus materias no-animales, su fabricación artesana o su comercio justo... qué va; basta con que encaje con tu estilo. Tienes permiso para la incoherencia: llevar banderas de Jamaica sin tener ni puta idea de ese país, de los rastafari o de su ideología o usar camisetas del Ché sabiendo sólo que se apellidaba Guevara y que era... ¿cubano?
Tercero: haz malabares. Emplea horas de tu tiempo en dominar un objeto (cariocas, bolas, mazas, palos chinos?) de la mejor forma posible. Luego emplea más horas en mostrar a los demás tu habilidad. Aprovecha tu divina juventud y fórmate: ¡aprende malabares! También existe la opción híbrida, que consiste en fumarse un porro mientras se hacen las cucamonas. Los rumores cuentan que hay una opción híbrida compleja, que consiste en liárselo mientras se malabarea. Aviso: esta opción sólo es recomendable para virtuosos en ambos campos.
Cuarto: toca los timbales, la llamada de guerra de la revolución moderna. Tu sonido dotará al ambiente de ese aire chachi-étnico que hará que tú y los de tu grupo sintáis la diferencia. Si no sabes tocar los timbales, no pasa nada; cuando escuches a alguien que lo hace, di ¡qué guapo!, menea un poco las caderas y haz tu contribución al universo hippie-guay.
Quinto: hazte rastas, piercings, tatuajes. Sí señor; tú has aprendido que en este mundo lo importante es el exterior, y los grandes cambios, los de fuera. Ofrece una alternativa: en lugar de tatuarte el conejito de playboy, tatúate un tribal que signifique algo profundo.
Sexto (aplicable a diversos ámbitos de tu vida): haz lo mismo, pero diferente. Es decir: en ver de comprar en X, compra en Y; en vez de consumir pendientes de plata, consúmelos de madera; en vez de ir a tal bar, ve a tal otro; en vez de alisarte el pelo, hazte rastas? Y tú que creías, como Miguelito el de Mafalda, haber salido del montón de los que ven la televisión? y ahora estás en el montón de los que no la ven. Putada, ¿eh?
Séptimo: sobre todo, vuelve al redil. Procura que todos tus hábitos de vida sean reversibles, ya sabes: esos que cambiarás cuando trabajes, te asientes y te conviertas en adulto. Ahora eres joven: haz el loco. Y luego, cuando tengas coche(s), casa(s), barco y Digital Plus, no te olvides de contarles a tus hijos lo alternativo que eras tú a su edad.
Puedes hacerlo para cambiar el mundo
21 de marzo
Primero: fuma porros. Esto es fundamental. Es una forma activa de protestar contra el sistema, ¡claro que sí! Siéntate toda la tarde y fuma, chaval. Que no te importe estar contribuyendo de forma activa a la explotación, los cultivos ilegales, las mafias y el enriquecimiento de unos pocos. Si estás más implicado, puedes hacer campaña a favor de la legalización del cannabis. Claro, tú tienes buenas intenciones, estás en contra de todas las cosas malas que implica su ilegalidad: entorpecer su uso terapéutico, las adulteraciones? ¡buen chico! Pero mientras, sigue fumando tu costo recién salido del recto de un moro, claro está.
Segundo: viste raro. No hace falta que te favorezca; basta con que sea raro. Puedes emplear el mismo esfuerzo que una pija en componer tu ropa de hippie, pero sin duda lo tuyo estará mucho mejor visto por los de tu clan. Además, no es necesario que la ropa que llevas sea escogida en función de, digamos, sus materias no-animales, su fabricación artesana o su comercio justo... qué va; basta con que encaje con tu estilo. Tienes permiso para la incoherencia: llevar banderas de Jamaica sin tener ni puta idea de ese país, de los rastafari o de su ideología o usar camisetas del Ché sabiendo sólo que se apellidaba Guevara y que era... ¿cubano?
Tercero: haz malabares. Emplea horas de tu tiempo en dominar un objeto (cariocas, bolas, mazas, palos chinos?) de la mejor forma posible. Luego emplea más horas en mostrar a los demás tu habilidad. Aprovecha tu divina juventud y fórmate: ¡aprende malabares! También existe la opción híbrida, que consiste en fumarse un porro mientras se hacen las cucamonas. Los rumores cuentan que hay una opción híbrida compleja, que consiste en liárselo mientras se malabarea. Aviso: esta opción sólo es recomendable para virtuosos en ambos campos.
Cuarto: toca los timbales, la llamada de guerra de la revolución moderna. Tu sonido dotará al ambiente de ese aire chachi-étnico que hará que tú y los de tu grupo sintáis la diferencia. Si no sabes tocar los timbales, no pasa nada; cuando escuches a alguien que lo hace, di ¡qué guapo!, menea un poco las caderas y haz tu contribución al universo hippie-guay.
Quinto: hazte rastas, piercings, tatuajes. Sí señor; tú has aprendido que en este mundo lo importante es el exterior, y los grandes cambios, los de fuera. Ofrece una alternativa: en lugar de tatuarte el conejito de playboy, tatúate un tribal que signifique algo profundo.
Sexto (aplicable a diversos ámbitos de tu vida): haz lo mismo, pero diferente. Es decir: en ver de comprar en X, compra en Y; en vez de consumir pendientes de plata, consúmelos de madera; en vez de ir a tal bar, ve a tal otro; en vez de alisarte el pelo, hazte rastas? Y tú que creías, como Miguelito el de Mafalda, haber salido del montón de los que ven la televisión? y ahora estás en el montón de los que no la ven. Putada, ¿eh?
Séptimo: sobre todo, vuelve al redil. Procura que todos tus hábitos de vida sean reversibles, ya sabes: esos que cambiarás cuando trabajes, te asientes y te conviertas en adulto. Ahora eres joven: haz el loco. Y luego, cuando tengas coche(s), casa(s), barco y Digital Plus, no te olvides de contarles a tus hijos lo alternativo que eras tú a su edad.



